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jueves, 9 de abril de 2020

25 libros que tienes que leer antes de los 25

Antes de empezar, quisiera pedir perdón por el título de esta entrada, ya que es puro clickbait (y también algo de parodia). No soy nadie para decirle a alguien lo que tiene que leer o no leer (creo que nadie lo es, y que la lectura no debe ser una obligación, pero no estamos aquí para discutir estos temas, eso daría para otra entrada aparte), y este tipo de listas siempre me parecen una chorrada. Primero, porque te dicen, sin sarcasmo, lo que tienes que leer, pero no establecen ningún criterio de por qué ni abren ningún tipo de debate sobre qué significa que una persona tenga que leer X libros. Y debate hay. Segundo, porque en más de la mitad de las listas que he leído de este estilo está más que claro que la persona que está escribiendo la lista ni siquiera los ha leído. Tercero, porque no me considero un gran lector. Me gusta mucho leer, pero soy muy lento y me distraigo con facilidad. Y cuarto, porque la mayoría siempre repiten los mismos putos libros, siguiendo la siguiente fórmula: cinco o seis clásicos conocidísimos y que además sean un tocho (Cien años de soledad, Moby Dick, el Quijote, Rayuela), libros más o menos sobrevalorados y que casi todo el mundo ya ha leído (El Principito, El lobo estepario) y luego una serie de Best Sellers que entretienen, pero que literariamente no aportan gran cosa. 
Así que, si esta lista no es una lista de libros que tienes que leer, ¿entonces, qué hostias es? Pues veréis, hace relativamente poco que he cumplido los 25 años y he pensado que estaría bien hacer una especie de émulo de esta clase de listas con 25 libros que he leído antes de mi cumpleaños y que de alguna u otra forma han sido significativos para mí y me han aportado cosas que seguro que a mucha otra gente también le aportarían. Así que voy a decir 25 libros que sean sólo de narrativa o poesía (excluyo ensayo, psicología, antropología, divulgación y filosofía). Sin más dilación, vamos allá:

La casa de hojas | Actividades | CCCB
1 - La casa de hojas (Mark Z. Danielewski)
De este autor recomiendo encarecidamente las dos obras que he leído. Una es la casa de hojas, y la otra es La espada de los cincuenta años. ¿Por qué sólo he leído dos obras? Pues porque, como no lo lee ni dios en España, las editoriales han decidido no seguir publicando sus libros (y tiene un montón). Sí, podría adquirirlos en inglés y leerlos así, pero es que se trata de una literatura complejísima y creo que no alcanzaría a comprender ni un 10% de todo lo que sus obras me pueden aportar. Se trata de libros realmente únicos, donde en todo momento se resalta el valor (y necesidad) del libro como objeto, tanto desde la estética como desde la funcionalidad. Hay quien dice que Rayuela es una novela compleja porque hay distintas formas de leerla (que básicamente son dos). Bueno, pues Mark Z. Danielewski se mea en la cara de los que dicen eso con La casa de hojas. Es una verdadera experiencia que vale la pena, es enfrentarte a algo a lo que no te has enfrentado nunca. Hay quien dice que es una novela de terror. A mí no me lo parece. Sí, es inquietante, pero encasillarla en el género de terror sería como decir que Hero es una película de acción, y nada más.

Blood Meridian | Blood meridian, Movie art, Southern gothic
2 - Meridiano de sangre / En la frontera (Cormac McCarthy)
¿He puesto dos libros del mismo autor? Sí. ¿Es hacer trampa? Por supuesto. ¿Me importa una mierda? También. De hecho, En la frontera lo he leído después de cumplir los 25, pero es tan jodidamente bueno que no podía dejar de mencionarlo. Podría contar con los dedos de una mano los libros que me han hecho llorar, o que han estado a punto de hacerlo, y En la frontera es uno de ellos. Es un libro sin concesiones y sin la menor clemencia para con sus personajes y para con el lector, y de una profundidad abismal. ¿Es mejor que La Carretera, por la que obtuvo el premio Pulitzer? Sí. . Lo digo y no me escondo. Es mejor que La Carretera, y Meridiano de sangre también lo es. Meridiano de sangre es uno de esos libros que suelen salpicar las listas de "libros que nadie termina nunca de leer", y os juro que no lo entiendo. Es un libro frenético, con una prosa pulidísima, sin adornos, y con el que hasta el día de hoy es mi personaje favorito de la literatura: el Juez Holden, que nunca duerme, y que dice que nunca morirá. Cómo olvidar su frase, que tan bien lo definía, cuando le preguntaron por qué se esforzaba tanto en instruirse sobre cualquier cosa, aunque fuese sobre una simple flor que desconocía: Lo que escapa a mi conocimiento, escapa a mi consentimiento

EL EXTRANJERO | ALBERT CAMUS | Comprar libro 9788420669786
3 - El extranjero (Albert Camus)
Ah, El extranjero. Lo leí siendo un chaval edgy y me sentí terriblemente identificado con el personaje y su conflicto. Durante años la consideré mi novela favorita. Pero no lo incluyo en la lista sólo porque en su momento me sintiera identificado. Me gustaría resaltar algunos aspectos objetivos: el primero, lo bien escrito que está. También es cierto que la traducción influye: en mi caso, leí la traducción de José Ángel Valente, un poeta excelente que se esmeró en realizar una traducción cuidadísima en Alianza Editorial. Lo segundo, la estructura. Creo que fue la primera vez que me sorprendía la estructura de un libro. En la primera parte, pareciera que todo lo que sucede es irrelevante. Sin embargo, estamos colocando piezas de puzzle y no lo sabemos. Luego llega la segunda parte y todos esos anodinos paisajes que hemos contemplado durante la primera mitad del libro tienen relevancia en la trama, que no quiero decir en qué desemboca, de una manera fatal. Lo tercero, las implicaciones críticas y filosóficas del libro. Una situación en la que un hombre ha asesinado a otro hombre, y al final parecen no juzgarle por ello, sino que lo juzgan por el hecho de no haber derramado lágrimas en el funeral de su madre. Una novela excelente que cuenta muchísimas cosas en muy pocas páginas. 
Otro libro del autor perfecto para complementarlo es El mito de Sísifo

El Evangelio según Jesucristo - Wikipedia, la enciclopedia libre
4 - El Evangelio según Jesucristo (José Saramago)
He leído bastantes libros de Saramago y pensaba que no encontraría nunca un texto que me disgustase de él, hasta que leí La caverna. No es que sea un mal libro, pero se me hizo insoportablemente tedioso y largo para lo poco que te cuenta a la postre, su trasfondo resulta mucho más obvio que el resto de sus obras y parece que hiciera un esfuerzo por intentar calzar su estilo personal en una historia insustancial que no lo necesitaba. El caso es que ahora tengo miedo de lanzarme a descubrir otras obras suyas. El resto que he leído, eso sí, son todas altamente recomendables: Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez (que, por cierto, estoy seguro de que los que escribieron en la contraportada del libro en la edición de Debolsillo no lo habían leído), Las intermitencias de la muerte (uno de los libros con los mejores finales que he encontrado) y El hombre duplicado (con una genial adaptación cinematográfica de la mano de Villeneuve). Pero, por encima de todos ellos, está El evangelio según Jesucristo. Una novela que empieza, ya en las primeras páginas, cagándose en uno de los dogmas más importantes del cristianismo (que María era virgen), y que te cuenta una historia terriblemente humana, con personajes geniales, con un humor que no desentona en absoluto y con un tramo final que es la mayor sacada de p*lla que he leído en una novela. Da igual que seas ateo. Yo soy ateo; Saramago también lo era. Es más, la publicación de esta novela supuso tal escándalo para la iglesia que Saramago se tuvo que exiliar de Portugal y pasó el resto de sus años en Canarias. Si nunca has leído a Saramago, que no te asuste su forma única de escribir. Al principio cuesta hacerse, pero al final hace que la lectura sea mucho más fluida. 

EL ALEPH - BORGES JORGE LUIS - Sinopsis del libro, reseñas ...
5 - El Aleph / Ficciones (Jorge Luis Borges)
Sí, he vuelto a hacer trampa. Yo lo sé, vosotros lo sabéis y creo que a todos nos da igual. Prosigo. 
No sé ni por dónde empezar. Además, tampoco hay nada que yo pueda decir sobre Borges que suponga un aporte de cualquier clase. Es mi escritor favorito, y el escritor favorito de muchísima gente, y con razón. Sus cuentos, especialmente los que componen El Aleph y ficciones, son cuentos con una prosa pulidísima, en los que todo lo que se dice es esencial, con muchas capas y lecturas diferentes, y que se prestan a ser releídos una y otra vez, pues siempre encuentras en ellos algo nuevo que te había pasado desapercibido. Sin ir más lejos, tuve que leer el cuento titulado El Aleph unas cuatro veces hasta darme cuenta de que el cuento trataba de incesto y venganza. He puesto los dos libros porque me es imposible poner uno por encima del otro. Simplemente diré cuál es mi cuento favorito: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Me parece un texto insuperable en todos los sentidos. 
Me gustaría también mencionar la poesía completa de Borges. Es verdad que, desde el momento en el que perdió la vista, su lírica se vuelve más monótona y reiterativa, pero aún así me parece, también, de los mejores poetas que he tenido la suerte de leer. 
Los temas que toca Borges, tanto en su poesía como en sus cuentos, son temas tan enigmáticos como universales: La vida y la muerte, el tiempo, el infinito, el olvido y la inmortalidad, más como un castigo que como una bendición.

Reseña de Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza ( por Antonio ...
6 - Sin noticias de Gurb (Eduardo Mendoza)
Es el libro que me enganchó de verdad a la lectura. Hasta Sin noticias de Gurb, mi experiencia con los libros era la misma que podía tener viendo una película o una serie, es decir, que los libros eran simplemente un medio más del que recibir historias que me entretuviesen un poco, sin más. Pero Sin noticias de Gurb fue un libro diferente, y supuso para mí un punto de inflexión. Además, creo que fue la primera vez que, tras leer un libro, pensé, con cierta envidia, "ojalá lo hubiese escrito yo". Recuerdo que, en su momento, no me gustó el final. Era un crío, en primero o segundo de la eso, y hasta aquel momento todos los libros que había leído tenían finales claros, cerrados y que no dejaban lugar a interpretaciones. Después de releerlo en muchas ocasiones (es posible que sea el libro que más veces he releído) terminé apreciándolo mucho más. 

Crítica de Escucha la canción del viento. Pinball 1973 /Escolta la ...
7 - Escucha la canción del viento / Pinball 1973 (Haruki Murakami)
No he hecho realmente trampa, ya que estos dos libros vienen juntos en todas las ediciones en español y es como si fuesen una primera y segunda parte de una misma historia. A mí me gustaba muchísimo Murakami, luego me empezó a disgustar y ahora lo odio. El primer libro que leí, creo que todo el mundo es el primero que lee, fue Tokio Blues, y me gustó mucho. Es una historia muy nostálgica y creo que tiene una estructura muy superior al resto de sus novelas, que sin embargo vuelve a intentar en algunos de sus cuentos (Sobre el encuentro con una chica cien por cien perfecta en una soleada mañana del mes de abril), una estructura que te introduce casi sin que te des ni cuenta y que le aporta mucho valor y sentido a la obra en sí y a la historia como tal. Sin embargo, me gustó más Escucha la canción del viento y Pinball 1973. Tienen menos relleno y se contenía menos. Luego seguí leyendo otros títulos y me di cuenta de que se limitaba a repetir lo que él creía que había funcionado en esas historias y a añadirle un montón de relleno, de pretenciosidad y de lugares comunes. Seguí leyéndolo (he leído bastantes libros suyos), sólo para terminar descubriendo que el 80% de su obra consiste en autoparodiarse involuntariamente. Siempre me sorprende ver, en listas así, que la gente pone como su mejor libro a "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo". Jamás lo entenderé. Ése es, precisamente, el libro que me hizo odiar a Murakami definitivamente. Supongo que seguimos con el sesgo de que la longitud de una obra y su calidad son directamente proporcionales.

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8 - Misery (Stephen King)
Stephen King me entusiasmó durante el bachillerato y, quizá, los dos primeros años de la carrera, y leí muchísimos de sus libros, pero mi interés por él fue decayendo paulatinamente. No obstante, eso no me impide defender algunas de sus obras, del mismo modo que, aunque odie (de verdad, ya es odio) a Murakami, puedo decir que tiene grandes (no por longitud) textos . 
Misery es otro de esos libros en los que se forjó en mí un incipiente interés por la estructura. Fue el primero que leí de su autor y lo recuerdo con mucho cariño. Lo robé de la habitación en desuso de uno de mis tíos, en casa de mi abuela. Era una edición vieja, de impresión antigua, hojas amarillentas y en la encuadernación no había ninguna información más allá del título y el autor. No había ni reseña de prensa, ni sinopsis. Nada, salvo el dibujo de un hacha ensangrentada. Así que lo empecé a leer sin tener ni idea de qué me esperaba en aquellas páginas, como quien se lanza a una aventura. La experiencia fue genial. Además, por aquella época, estaba empezando a intentar escribir, o más bien a retomar la escritura después de un largo parón, y ese libro, en el que el protagonista escribía una novela dentro de la propia novela, un libro accesible pero a la vez cargado de metalenguaje y de un uso de la estructura muy inteligente, me ayudó y motivó muchísimo. A día de hoy sigue siendo mi novela favorita de King. 

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9 - Carta al padre (Franz Kafka)
No es una novela, sino una carta real que Kafka le escribió a su padre y que éste nunca llegó a leer. ¿Cómo llegué a esta obra? Bueno, lo cierto es que de Kafka sólo había leído La metamorfosis, y la tengo que releer porque a día de hoy seguramente sea mucho más permeable a ella que cuando lo hice por primera vez (cosa que también sospecho de Pedro Páramo). Me gustó bastante, pero no la aprecié todo lo que se suponía que debía haberla apreciado. Años después (tal vez cinco o seis) encontré un vídeo en el que Eduardo Mendoza explicaba por qué, según él, Kafka no era un buen escritor. No estuve de acuerdo. No porque criticase a Kafka, de quien al fin y al cabo sólo había leído La metamorfosis, sino porque las razones que daba en el vídeo me parecían una verdadera gilipollez. Fui a la sección de comentarios para ver qué opinaba la gente y encontré un comentario que me llamó la atención: "Sólo el primer párrafo de Carta al padre ya tiene más literatura que toda la obra completa de Eduardo Mendoza". Y la leí. Quizá sea una hipérbole afirmar eso, pero de lo que no hay duda es de que se trata de una prosa magistral, que te desgarra sin que te des cuenta. Expone ideas sobre relaciones, invalidación, miedo, ambivalencia... ideas complicadísimas de explicar, en definitiva, con una claridad  que ya quisieran manejar autores de psicología que escriben sobre los mismos temas. De hecho, esta es la única obra de la lista en la que realmente voy a decir que tienes que leerla, pero con un anexo: si eres psicólogo.
Ahora estoy leyendo sus cuentos completos y no me están decepcionando. Algún día releeré la metamorfosis, y tal vez me guste tanto como para dedicarle otra entrada aquí. 

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10 - La invención de Morel (Adolfo Bioy Casares)
Llegamos al número 10 con una obra que no sé si llamar novela, por su corta longitud, al igual que ocurre con Aura, de Carlos Fuentes, La perla de John Steinbeck o El perseguidor de Cortázar (tres obras que, por cierto, también recomiendo). Es una novela que Borges calificó de perfecta. No sé si lo es, pero, ciertamente, está muy cerca de mi idea de perfección. Es muy breve, pero dice mucho. La prosa es una de las más pulidas que hay en esta lista. La historia es interesantísima, y no te la ves venir. Y hay cierta poética en sus descripciones, sin ninguna floritura, y con detalles de genio, como en un fragmento en el que avanzaba en una edificación vacía y el eco de sus pasos lo hacía sentir multiplicadamente solo
No quiero contar más de esta novela, pues es brevísima y no creo que haya nadie que la lea y no le guste. La historia es absolutamente brillante y cualquier detalle que dé sobre ella arruinaría en parte la experiencia de leerla.

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11 - Los detectives salvajes (Roberto Bolaño)
He puesto Los detectives salvajes como podría haber puesto cualquier otra, pues todas son buenas, incluso la infravaloradísima La pista de hielo, incluso Amberes. También son buenísimos sus cuentos, y no deja de ser recomendable su poesía. Pero sí es cierto que, quizá, Los detectives salvajes sea la novela más adecuada para quien nunca se ha acercado a su estilo. Bolaño era un genio de la estructura, esto es un hecho. Tanto, que en ocasiones la propia estructura funciona como un personaje más de la novela. A mí, personalmente, me gusta más que 2666 (aunque ésta también me gusta mucho), pero suelo encontrar la opinión contraria en la mayoría de grupos de literatura que sigo. Me parece que 2666 tiende más al relleno y se agota más rápidamente en sus recursos que los detectives. También sé que Los detectives salvajes no es, ni mucho menos, una novela perfecta, pero me parece una obra única y muy disfrutable. Para quien busque algo más ligero, es muy recomendable Estrella distante y La literatura nazi en américa, así como algunos de sus cuentos. 

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12 - Buenas noches, Punpun (Inio Asano)
He escrito todo lo anterior del tirón, pero me he querido dar un pequeño descanso para hablar sobre Buenas noches, Punpun. Lo leí, por primera vez (pues hubo más veces), hace ya unos cuantos años. Aún no estaba de moda y no existía ninguna traducción oficial al español. Lo leí, completo, desde la pantalla de mi ordenador (y detesto leer por ordenador), desde una página latinoamericana con una traducción amateur que abundaba en regionalismos (por lo de latinoamericana) y faltas ortográficas (por lo de amateur). Y, aún y con todo, me gustó tanto que, cuando años después, tras ponerse de moda, Norma Editorial empezó a traducirlo y a maquetarlo, iba, cada mes y medio, a buscar el nuevo tomo para adquirirlo y leerlo de nuevo. Así, completé la colección y lo he releído algunas veces más. Nunca decepciona. Quizá a ratos se pase de edgy, pero hasta los más grandes poemas tienen versos que sobran, y hay que valorarlo en su conjunto y totalidad. En general, no me gustan las obras corales, pero todas las generalidades tienen sus excepciones. Todos los personajes tienen su historia, y al final, a modo de mosaico, todas esas historias individuales conforman un todo. Consigue que la tristeza impregne todo el relato, de principio a fin, de forma directa o indirecta, sin recurrir a estrategias manidas para evocarla, y está cargado de detalles, algunos de los cuales sólo se aprecian a la segunda o tercera lectura. En definitiva, una historia a la que vale la pena aproximarse y por la que a veces hay que dejarse llevar. 

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13 - Cuentos (Ernest Hemingway)
Ni Por quién doblan las campanas, ni Adiós a las armas. Lo bueno de Hemingway son sus cuentos y no hay discusión. Pero, no sé por qué, en esta mierda de listas, no falla, siempre recomiendan una de las dos novelas que he mencionado. ¿Por qué? Porque la gente no se toma en serio el cuento y esto me cabrea mucho. Pasa lo mismo con Salinger (os lo recordaré cuando lleguemos a él). La crítica especializada no, pero en general, lo que se respira en el aire, fuera del academicismo, es que el cuento es un género menor, que de ninguna forma pudiera hacerle sombra a la novela. Sin embargo, Borges nunca escribió una novela y a pesar de ello se le considera uno de los escritores más importantes, si no el más importante, del S. XX. En fin, Hemingway. Volvamos a Hemingway. 
Sus cuentos (y El viejo y el mar, que está en tierra de nadie, entre el cuento y la novela) son geniales. Sus novelas también son buenas, ojo, no digo que sean malas, pero entrar a listas como estas y que te recomienden sus novelas antes que sus cuentos o incluso antes que El viejo y el mar me parece poco menos que una broma. ¿Por qué digo esto? Porque lo relevante de su estilo, su gran aporte para la literatura, es la omisión. Cuando lees un cuento de Hemingway (salvo excepciones), tienes la sensación de que hay mucho más de lo que te han dejado ver. Tenía una teoría que decía que un cuento debe ser como un iceberg. El lector es quien va en el barco, y sólo ve la punta, pero el escritor, para derrumbar ese barco, debe tener en cuenta todo lo que hay bajo la superficie del agua. He aprendido mucho leyéndole. 

Nueve cuentos (El libro de bolsillo - Literatura): Amazon.es ...
14 - Nueve cuentos (J. D. Salinger)
De nuevo, las listas aquí se marcan un Hemingway. Todas las putas listas ponen El guardián entre el centeno, pero ninguna pone sus cuentos. ¿Por qué? Porque todos sabemos que las novelas molan y los cuentos son caca, acaso sólo aptos para niños incapaces de conciliar el sueño. Además, os diré algo: he conocido a mucha gente que ha leído El guardián entre el centeno y a muy pocos les ha gustado. A mí, personalmente, sí me gustó la novela. Me pareció bastante buena, de hecho, pero sus cuentos son infinitamente superiores. El estilo es muy parecido al de Hemingway: cuentos muy humanos, donde abunda el diálogo con más subtexto que texto, y donde se te muestra tan sólo una pequeña porción de lo que realmente hay. No quisiera contar nada de ningún cuento, porque sólo son nueve y son breves. Si os gustó El guardián entre el centeno, estos cuentos os gustarán mucho más. Si no os gustó la novela, quizá los cuentos os gusten, quizá no. Son muy diferentes. En cualquiera de los dos casos, yo les daría una oportunidad. 

El hombres sin talento (Gallographics): Amazon.es: Tsuge ...
15 - El hombre sin talento (Yoshiharu Tsuge)
Segundo y último manga de esta lista. No sé mucho sobre dibujo, así que no puedo hablar de estos aspectos. Me quedaré sólo con la historia. Trata, como su propio nombre indica, de un hombre sin talento. Lo único que le generó algunos ingresos fue dibujar manga, pero decide dejarlo, a pesar de que su mujer le diga que continúe con ello. Emprende una serie de proyectos sin ningún futuro para conseguir que su familia tuviese algo que llevarse a la boca. El más alocado de ellos: vender piedras. 
Tiene ese rollito japonés del cine de Akira Kurosawa o de autores como Yukio Mishima o Yasunari Kawabata. Pausado, melancólico, delicado y bello. ¿Lo mejor? Que se trata de un relato autobiográfico. Fue una de mis inspiraciones para escribir mi segundo libro, que reflexiona sobre cómo en la ficción todos los personajes siempre aprenden algo a lo largo de la historia, mientras que en la realidad pocas veces es así. También, de su autor, recomiendo otra pequeña historia titulada Días de paseo.

Pasado el otoño,
despojado de hojas, 
sigue siendo un ciruelo.

El llano en llamas eBook: Rulfo, Juan: Amazon.es: Tienda Kindle
16 - El llano en llamas (Juan Rulfo)
Como ya dije antes, tengo que releer Pedro Páramo, porque en una primera lectura rápida no pillé ni la mitad de lo que creo que el libro puede ofrecerme. De hecho, en una entrevista, el propio Juan Rulfo dijo que era un libro que había que leer más de una vez para entender, así que no me avergüenza admitirlo. Este libro de cuentos trata, en definitiva, la tristeza y la pobreza, o la tristeza de la pobreza. Muchas otras cosas también, pero eso es lo esencial. El mundo rural y cruel en el que se desarrolla cada pequeña historia no tiene piedad con sus personajes. Incluso uno de los cuentos, Luvina, trata de un pueblo donde habita la tristeza
El estilo de Juan Rulfo es inusual, ya que parece muy cotidiano, como si estuvieses escuchando a alguien hablar en un bar, y a la vez es muy literario, lo cual hace que su prosa sea tan bella como accesible, sin adornos innecesarios, sin excesos. Cuenta lo que tiene que contar, cosa que, aunque parezca sencilla, no se puede decir de la mayoría de escritores, y lo hace de la mejor forma posible. 

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17 - Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)
Sí. Éste libro y el siguiente suelen estar en estas típicas listas (aunque suelo ver más los de George Orwell), pero bueno, yo también los meto. Fue el primer libro de Ray Bradbury que leí, luego le metí mano al Hombre ilustrado y algún día seguramente me pondré con Crónicas marcianas. Fahrenheit 451 tiene uno de mis personajes favoritos de la literatura, y también uno de los más efímeros: Clarisse McClellan. También me gusta mucho el personaje protagonista, Guy Montag, ya que no es el clásico arquetipo de personaje que desde un comienzo se plantea que las cosas están mal, o que está oprimido, sino que está en el bando opresor, aunque él ni lo sabe, porque el libro trabaja muy bien el tema de asumir las cosas culturalmente, lo que es otro gran punto a favor. No es que esté oprimido y se rebele contra el sistema, sino que él es el sistema. Pero a raíz de una serie de eventualidades, empieza a ver las cosas con otros ojos, y se da cuenta de algo: está solo. Hasta que descubre eso que hasta entonces había estado quemando sin preguntarse por qué: los libros. 
Esto último está muy en la línea de la siguiente obra:

UN MUNDO FELIZ | HUXLEY. ALDOUS | Comprar libro 9788497594257
18 - Un mundo feliz (Aldous Huxley)
De nuevo, otra distopía que también suele estar presente en este tipo de listas. En la anterior, el final era abierto, nada se solucionaba, pero había espacio para la esperanza. En este, sin embargo, no es así. El final es amargo y desesperanzador, como en Ensayo sobre la lucidez. Pero no pasa nada, ¿sabéis por qué? Porque en éste tenemos el soma. Y ya está. Ah, bueno, claro, que aquí no hay soma. Pero no pasa nada, tenemos los antidepresivos como sustituto. ¿Un libro adelantado a su tiempo? Yo digo:
Por cierto, este libro tiene una peli que no es exactamente una adaptación, pero está plagada de referencias a la novela. Se llama Demolition Man

El gran Gatsby - Alianza Editorial
19 - El gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald)
Otro libro que le pasa como al Guardián entre el centeno: está en casi todas las listas, pero a casi nadie le gusta. Otra semejanza: dicen que Fitzgerald era mejor cuentista que novelista. Yo no lo sé, porque sólo he leído dos cuentos: Benjamin Button y La tarde de un escritor. Me parecieron buenos, el primero de ellos mucho más divertido de lo que esperaba. No he visto la película, porque después de ver la mierda de adaptación que hicieron con el Gran Gatsby se me quitaron las ganas. 
Este libro va sobre los trenes que han pasado y creemos que aún podemos coger. Sobre tenerlo todo y no tener nada. Sobre lo inútiles que son a veces nuestros actos. Me encanta cómo te cuenta una historia compleja sin caer en la sobreexplicación. Hay incluso un momento del libro en el que se nos muestra cómo es un personaje en relación a los demás sin decir ni una sola palabra descriptiva sobre él. Tan sólo, en un momento dado, alguien le pregunta qué le ocurre y él, al final del día, dice: Nada, es que acabo de recordar que hoy es mi cumpleaños. También me resulta interesante que el libro esté narrado en primera persona y que, aún así, el narrador no sea el protagonista de la historia. 

EL PABELLÓN NÚMERO 6 de CHEJOV, ANTON PAVLOVICH: Muy Bien Bolsillo ...
20 - El pabellón número 6 (Antón Chéjov)
Como psicólogo, puedo decir que ésta es la mejor ficción que he leído a nivel psicológico (Aún no he leído Walden Dos). Es buenísima. Podría extenderme, pero no quiero hacerlo, así que voy a dejar un vídeo en el que hablo sobre esta obra, y un podcast en el que hablo, junto con un compañero psicólogo, de la psicología que hay en tres obras: ésta, El hombre enfundado y El lobo estepario.

El final del juego: resumen, y todo lo que necesita saber
21 - Final del juego (Julio Cortázar)
Con Julio Cortázar fue con quien empecé a leer cuentos. El primero que leí fue Historias de Cronopios y de Famas, con sus manuales de instrucciones y sus ocupaciones raras, y me encantó. Era diferente a cualquier cosa que hubiese leído antes. Luego me lancé de cabeza a leer Rayuela, y también me gustó mucho. Finalmente, me leí sus cuentos completos. Los tiene mejores y peores, pero el nivel, en general, es alto. De todos sus libros de cuentos, mi favorito es Final del juego. Creo que sus cuentos más perfectos están ahí. Para alguien que no lea cuento y quiera iniciarse en el género, éste me parece sin duda el libro más adecuado para hacerlo.


Las flores del mal - Alianza Editorial
22 - Las flores del mal (Charles Baudelaire) 
Los últimos tres van a ser poesía (aunque ya he recomendado antes la poesía completa de Borges). 
En mi ciudad se celebraban, un jueves al mes, una tarde poética en la que una cafetería invitaba a un poeta y a un músico. La primera vez que fui, lo hice por el músico, Lumaga, que es mi amigo, pero no conocía al poeta, Benjamín Prado. Dylan acababa de ganar el Premio Nobel y Benjamín estaba contentísimo, cosa que nos transmitió a todos, a pesar de que uno de sus poemas, una larga conversación con su madre, que había fallecido hacía poco, nos sacó las lágrimas sin excepción. Me gustó muchísimo y a día de hoy me arrepiento de no haber comprado el pequeño poemario ahí mismo para poder llevármelo firmado. De hecho, unos días después me saqué de la biblioteca una antología de su obra poética y la disfruté bastante, aunque por aquel entonces yo apenas había leído poesía.
Continué yendo a aquellas tardes. A Prado lo siguió otro poeta mayor, bastante bueno, pero más olvidable. Ya no recuerdo su nombre. Al mes siguiente lo siguió otro algo más mediocre como poeta, aunque sus ideas eran interesantes. Al cuarto mes, el poeta invitado era, directamente, malo. Aquella tarde salí de ahí sintiéndome poco menos que estafado. Llevaba tres meses queriendo acercarme a buena poesía y cada mes había sido más decepcionante que el anterior. Así, me fui a una librería. Quedaba menos de una hora para que cerrase. Me encaminé directamente (era la primera vez que así lo hacía) hacia la sección de poesía y, después de un vistazo general, me decidí por Las flores del mal. El nombre era muy atractivo y, además, lo había escuchado un montón de veces. Leía las poesías, no entendía ni media mierda, las volvía a releer. A pesar de que me costaba mucho entenderlas, se adivinaba su belleza y oscuridad. Dejaban un poso en mí. Tuve la suerte de escoger la editorial de Alianza; mucho tiempo después me enteré de que la mejor traducción era esa, pero yo la había escogido por pura casualidad. Recuerdo una que me gustó especialmente: El albatros. Luego comprendí que leer poesía en mayúsculas, una poesía tan alta como aquella, era como aprender a leer de nuevo, como aprender un lenguaje por primera vez. Poco a poco fui descubriendo ideas nuevas, maneras de referirse a las cosas que jamás se me habrían imaginado. Saqué muchísimo de Las flores del Mal, y de vez en cuando lo abro al azar y releo algún poema. Y, desde aquel libro, comencé de verdad a leer poesía.

MARINERO EN TIERRA | RAFAEL ALBERTI | Comprar libro 9788470303869
23 - Marinero en tierra (Rafael Alberti) 
De Alberti me he leído casi toda su obra poética, pero Marinero en tierra sigue siendo mi favorito. Son poemas cortos, que se prestan a ser recitados, sencillos y efectivos. Algunos de ellos, de hecho, los memoricé por gusto, como ya había hecho con otros de Antonio Machado y Lorca. Por cierto, una curiosidad sobre Poeta en Nueva York, de Lorca. Tenía una edición de bolsillo que llevaba siempre en el bolsillo, como su nombre indica. Pero la perdí. ¿Dónde? En un autobús interurbano. Se debió quedar en el asiento y jamás la recuperé. Me parece algo muy poético y apropiado, en relación, claro, con el contenido del propio poemario. 

POESIA COMPLETA | ALEJANDRA PIZARNIK | Comprar libro 9788426403803
24 - Poesía completa (Alejandra Pizarnik)
Para alguien que quiera empezar a leer poesía (tampoco es que sea yo un experto, la verdad, así que no me hagáis demasiado caso) le recomendaría que se adentrase leyendo a Pizarnik. Concretamente, Árbol de Diana, pero cualquier poemario suyo es bueno. Consigue crear, con el lenguaje, imágenes complejísimas de aspectos imposibles de expresar. 


Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome. 


25 - César Aira (En general)
César Aira es un cachondo, pero es un cachondo con calidad. Tiene una prosa pulida, muy pulida, más que Cortázar, le duela a quien le duela. Sus novelas son breves, sus tramas erráticas, sus temáticas un cajón de sastre, pero leerlo es siempre un verdadero placer y a ratos una experiencia única. Nunca sabes por dónde te va a salir, y cada frase está elaborada con un cuidado y un cariño por la literatura, por la buena literatura, que leer a Aira es aprender a escribir. También me gusta mucho como ensayista. Una gran cantidad gente lo odia por su faceta de crítico. Es una pena, la verdad, porque se están perdiendo a un prosista del más alto nivel. Dijo Carlos Fuentes, como una pequeña broma para devolverle un favor, o más bien una apreciación generosa (en una de sus novelas, Aira escribió sobre un ejército de genios, y el protagonista, para crear tal ejército, había decidido clonar a Carlos Fuentes), que César Aira ganaría el Premio Nobel en 2021. Sólo queda un año, y me gusta creer que la profecía se va a cumplir. Que lo gane Aira. O que lo gane McCarthy. Pero, pase lo que pase, por favor, que no lo gane Murakami.

Aira y su libro número 100: ¿qué se puede hacer salvo escribir ...




Manuel Murillo de las Heras.















viernes, 27 de septiembre de 2019

Manifiesto



MANIFIESTO NARRATIVO

Manuel Murillo de las Heras


Escritores y escritoras del mundo: éste es mi manifiesto. No es una respuesta a nada en concreto, acaso a mi propio cansancio como lector. Todo lo que este manifiesto contiene no es un juicio de valor hacia otros escritores; no tengo ni criterio ni autoridad para realizar tal cosa. Es tan sólo una enumeración de aspectos que trato de encontrar cuando leo y trato de crear cuando escribo.


1.      La primera máxima es ésta: Calidad antes que cantidad.

1.1. Contar la historia que se desea contar debe ser un ejercicio que tienda a utilizar el mínimo número de palabras posible. Si existe una palabra con cuyo significado se pueda sustituir tres, se utilizará.
1.2. Debemos despojarnos del prejuicio (y, muchas veces, complejo) de que el valor de la obra y su longitud son directamente proporcionales. La concisión a la hora de contar una historia es lo realmente difícil de lograr. Toda historia, cuanto más se alarga, más fuerza pierde. Si la obra resulta ser extensa, ha de ser exclusivamente porque así lo requiere la historia.
1.3. El uso de la floritura y el mero adorno debe brillar por su ausencia. El objetivo a tener en mente a la hora de narrar es que todo elemento que se presente tenga una finalidad.
1.4. No hay prisa en escribir. Todo lo escrito quedará escrito para siempre. Teniendo esto en cuenta, vale más gastar treinta días para una frase magistral que un día para treinta páginas mediocres. Lo primero es de escritores; lo segundo, de escribientes.


2.      Las descripciones son como el vino: se recomiendan en poca cantidad y como acompañamiento.

2.1. En la medida de lo posible, la narración consistirá en una enumeración de acciones. La mera descripción no debe sobrepasar un 10-15% del texto total.
2.2. Se evitará la tentación masturbatoria de los sinónimos rebuscados. Las palabras escogidas han de ser las palabras exactas y no otras. Da igual cuán bonita pueda ser una palabra; si su significado se aleja del que la historia precisa, la frase global será fea.
2.3. La descripción de un lugar debe contener lo justo y necesario que sea relevante para la historia.
2.4. La descripción física de los personajes sólo debe hacerse cuando esto nos revele algo de ellos (por ejemplo, una cicatriz; un aspecto descuidado; un collar que contenga un símbolo religioso; etc.).
2.5. La descripción interna de los personajes se evitará en la medida de lo posible en la narración extradiegética. Los personajes han de describirse a sí mismos mediante sus acciones y diálogos, de manera implícita antes que explícita.
2.6. Una obra que detalla mucho sólo se tiene a sí misma. Una obra que se permite contener espacios, aparte de tenerse a sí misma, tiene también la singular imaginación de todos y cada uno de sus lectores.


3.      El autor jamás tomará al lector por tonto.

3.1. Se evitará explicar todo aquello que, con lo proporcionado en la narración, se pueda deducir.
3.2. Se evitará repetir algo que ya se ha dicho.
3.3. La calidad de la construcción de los personajes debe ser tal que permita omitir sus nombres durante los diálogos. El estado emocional de los personajes tampoco se le especificará al lector. No hay, aún, un lector que lea por ocio y que no sea humano. Así pues, mostrando, como narradores, correctamente las acciones de un personaje en un contexto bien dibujado, será redundante explicar, además, cómo se está sintiendo.


4.      La voz narrativa es el cimiento de la obra. Las fisuras son fatales.

4.1. No importa lo buena que pueda llegar a ser una historia si la voz narrativa flaquea. En cambio, un buen estilo a la hora de contar puede salvar una historia mediocre.
4.2. La voz narrativa no puede tener incoherencias. Su uso debe ser tan meditado como la historia misma, o más.
4.3. Se puede jugar con la voz narrativa; de hecho, sería un crimen no jugar con ella. Pero cada juego tiene sus reglas. ¿Pueden ser reglas inventadas? Evidentemente. Pero, una vez el juego ha comenzado, tales reglas deben respetarse.
4.4. El uso de la primera persona debe estar justificado y ser coherente. Si nuestro narrador en primera persona muere, significará que nuestra historia es una historia de fantasmas, aunque el lector no tenga ni idea de que lee una historia de fantasmas hasta el final. Si no muere, significa que le está contando algo a otro personaje que puede, o no, aparecer en la historia. Si está escribiendo (una carta, un diario, o el propio libro que lee el lector), no tiene sentido que narre en presente. Si no lo está contando ni está escribiendo, no tiene sentido utilizar la primera persona.
4.5. El narrador extradiegético nunca aleccionará. Presentará conflictos y sus personajes los solucionarán. Que lo hagan de manera correcta o incorrecta quedará a juicio de los lectores.



5.      La estructura de la historia importa más que la historia.

5.1. La estructura y la forma (tanto de la obra global como de los párrafos y las frases) no deben ser azarosas ni vagas. Cumplirán un objetivo artístico. Y es especialmente aquí donde debe resaltar la autoría.
5.2. La estructura ha de estar al servicio de la historia, es decir, debe cumplir una función que la complemente.
5.3. Cada historia, en el caso de las novelas, debe ser autoconclusiva y autosuficiente. De querer realizar una saga, cada libro ha de poder leerse en el orden que el lector quiera. Las características comunes entre cada libro deben cumplir una función de complementariedad, pero jamás de dependencia. Ningún otro libro ha de ser necesario para que el lector comprenda al completo la historia que cuenta el que está leyendo.


6.      El género y el tema; aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

6.1. El escritor no debe temer ningún género, pues el género no importa. Un lector sólo piensa en el género cuando todo lo demás falla. En cambio, una historia bien contada hará que cualquier lector la disfrute aunque el género no le llame la atención.



7.      Los finales deben pillar al lector desprevenido, como si le hubiesen disparado desde un flanco que no tenía cubierto.

7.1. No se debe depositar toda la confianza en nuestros finales. Un buen final no salvará una historia mediocre.
7.2. Sin embargo, un mal final puede arrastrar al abismo una buena historia.
7.3. El escritor ha de tener en mente el final a la hora de comenzar a escribir la historia. La sucesión de acciones y la estructura han de ser conscientes de ese final. De no ser así, abundarán las divagaciones y las secuencias que no van a ninguna parte.
7.4. El final debe forjarse con los elementos dados a lo largo de la historia y, aunque pille al lector por sorpresa, debe ser coherente. No hay sitio para los Deus Ex Machina, a no ser que la historia en sí reflexione sobre los Deus Ex Machina.
7.5. El final, en la medida de lo posible, deberá tender a cumplir uno de estos dos objetivos: o bien responder a todas las preguntas del lector, o bien decirle que todas las respuestas que ya creía tener estaban equivocadas. 




Almería, a 28 de Septiembre de 2019

sábado, 31 de agosto de 2019

Sobre escribir hoy.

La realidad es que a muy pocas personas les suele importar cómo te sientes. Pretender basar tu escritura en esto, pues, entra en términos de equivalencia con un suicidio artístico. La mayoría de nosotros ya tenemos una prima o un par de amigos que nos cuentan sus batallitas y, cuando no los tenemos, ya contamos con nuestros propios problemas. La mayoría de gente que se sienta a leer algo va buscando una lectura que tenga algo que aportarle. 
Por otra parte, no pienso que la gente que utiliza la escritura como un vulgar mecanismo de afrontamiento contra sus propias emociones (como podrían usar también el alcohol) debiera llamarse a sí mismo "escritor" o "escritora", de la misma manera que a quien recurre al alcohol se le llama alcohólico, porque patologiza el oficio. Los casos de escritores y escritoras que escribieron para sanarse a sí mismos y que además su obra fue reconocida como para poder llamarse a sí mismos escritores son poquísimos, y la realidad es que la mayoría terminó suicidándose, así que no me parece el mejor método para "sanarse". 
He leído muchas biografías en Twitter e Instagram de esta clase de escribientes, que pretenden llevar la escritura a un plano tan personal, tan íntimo, que terminan siendo todas iguales y genéricas. Voy a jugar a inventarme unas cuantas a continuación (sin pensarlas demasiado y sin mirar a ningún sitio, no me gusta hacer trampas):
  • Escribo porque estoy roto, y a cada verso un pedazo de mí se recompone
  • Cada poema es una cicatriz de palabras para una herida sangrante que sólo supe cerrar con tinta. 
  • Escribo porque es el único modo que tengo de (sobre)vivir.
  • Nosequé por vocación, escritor por necesidad.
  • Cada haiku es una paja, cada soneto es un polvo. 
La última no es muy común, ya que cuenta con dos hemistiquios de idéntico número de sílabas y eso es un recurso literario real. 
La gran mayoría de la obra de estos escribientes graduados en literatura por la universidad de la tristeza y la desesperación consiste en poemas y en relatos (que no cuentos) muy cortos. Como siempre que ocurre un fenómeno constante, existe una causa que lo genera y otra distinta que lo mantiene. 
La causa generadora es que no es práctico escribir utilizando como principal motor de escritura tus sentimientos. Cuando escribes una novela necesitas trabajar muchas cosas, entre ellas:
  • Un argumento de interés. 
  • Una estructura. 
  • Cierta homogeneidad de estilo a lo largo de la obra (y a ver cómo se consigue homogeneidad si un día que escribas estás triste y al otro contento). 
  • Diversidad de personajes (que sientan cosas distintas a las que sientes tú como autor). 
  • Muchísima constancia. 
  • Coherencia interna. 
  • Mucha paciencia para releer y corregir. 
Y no sólo nada de eso viene facilitado por usar tus propios sentimientos a la hora de trabajar, sino que usarlos resulta un impedimento para conseguirlo (no digo que no se deban usar de vez en cuando, en ocasiones es necesario si la escena narrada lo requiere, hablo de basar tu estrategia y tu disciplina en ello).
Y las cosas que he citado como necesarias a la hora de trabajar en una novela, también se aplican al cuento (aunque algunas sean más fáciles de realizar dada la menor longitud). Un cuento debe contener cierta estructura, por pequeño que sea, y también debe contarnos una historia, por breve que sea. Incluso en un cuento tan corto como El emigrante, de Luis Felipe Lomelí, o en For sale, atribuido a Hemingway, existe una historia y una estructura. O, incluso en cuentos que aparentemente no han contado una historia o no tienen una estructura (como el cuento Luis XIV de Juan Pedro Aparicio), tienen un discurso detrás que crea esa historia y esa estructura. 
Sin embargo, lo que me suelo encontrar por parte de estos escribientes son relatos, es decir, meras descripciones de una situación, no historias estructuradas. Que la descripción puede ser preciosa y a veces pueden ser relatos realmente bonitos, en ningún momento estoy diciendo lo contrario. Pero no puedo evitar preguntarme por qué casi siempre son relatos y no cuentos, donde el máximo remate que existe en la narración es una frase relativamente bonita a modo de broche final, y en ocasiones ni eso. Escribir por y para tus propios sentimientos es escribir a base de impulsos y, en cuanto el impulso, que no suele durar mucho, mengua o desaparece, la narrativa inevitablemente se resiente.
Y luego están los poemas. Todos cortos o tirando a cortos, y casi siempre sin estructura, ni métrica, ni rima. ¿Es necesario la métrica, la rima o la estructura para que el poema sea bueno? Claro que no. Pero es que muchas veces, además de que no haya nada de eso, no hay ningún otro recurso literario en los poemas, son simplemente anécdotas, o lo primero que se les ocurre, escrito aprisa y corriendo y dándole al enter de forma casi aleatoria. ¿Por qué? Por la tristeza, el dolor, la necesidad de sanarse. Porque la estructura, la rima, la métrica y muchos otros recursos literarios no vienen de escribir con los sentimientos. Así, sólo queda el relato corto y los poemas cortos que carecen de todo lo que no puede generar el propio sentimiento. Ésta es la causa generadora. 
La causa mantenedora es que, por su brevedad, son fáciles de publicar en Twitter e Instagram. No necesitas comprar el libro para leer, ni siquiera seguir tediosos enlaces a través del perfil para acceder a una cuenta de Blogger, de WordPress o de Wattpad. Todo está ahí, en una sola imagen, y lo puedes leer en menos de un minuto, y lo puedes compartir cuantas veces quieras y todo se vuelve fácil, accesible, inmediato. No digo que esto esté mal, de hecho es algo bueno. Y precisamente, por ser algo bueno, es la causa que lo mantiene. ¿Qué tiene de malo? La sobresaturación por un lado, y el hecho de que la mierda y el diamante sean igual de accesibles por otro, que al fin y al cabo las dos cosas que he dicho no son más que dos caras de la misma moneda; y algo que no es malo de por sí, simplemente es un hecho, y es que este tipo de literatura, es decir, el escribir sobre los propios sentimientos y utilizar los sentimientos como herramientas de escribir, se vea tremendamente reforzado y tienda a abundar más y más. Pero os diré algo: el boom de la poesía intensita ya pasó. Ha habido muchísimas ventas, porque es muy fácil sentirse identificado con lo que se escribe así (ya que es genérico y sentimental) y también es muy fácil de leer. Es normal que tuviera éxito. Pero, si quieres que se te reconozca como escritor o escritora y no tienes nada más que aportar que tus propios sentimientos, siento decirte que el momento ya pasó. Durante ese boom tuvieron suerte unos cuantos autores que se inflaron de seguidores y luego las editoriales se los rifaron, y entre los seguidores con los que ya contaban y una buena promoción por parte de las editoriales grandes o medianas, subieron a lo más alto de las ventas. Pero ya están ahí. Han ocupado su sitio, siguen sacando libros como churros, tienen los nichos bien delimitados, y no los vas a mover de ahí si haces lo mismo que ellos, porque el mercado ya está copado, ya tiene unos nombres, y apostar por un nombre nuevo que no ofrece algo diferente es una apuesta que muy pocos estarán dispuestos a firmar. 
No soy nadie para dar consejos, pero al fin y al cabo es mi blog así que los voy a dar. Si te gusta escribir y quisieras publicar sin tirar de la autoedición, no hagas lo mismo que está haciendo todo el mundo. Habla de tus sentimientos si quieres, pero encájalos en una buena historia. Dales una buena estructura. Y trabaja en ser capaz de escribir sin dejarte llevar por ellos. Cuando te sientas triste, trata de escribir un cuento alegre. Y cuando estés pletórico, trata de escribir algo tristísimo. Lee novelas y cuentos que te cueste leer, a los que les tengas que dar un par de vueltas porque en la primera sientes que no has entendido nada. Lee analizando, como si fueras un detective, e intenta encontrar todos recursos literarios que puedas. Lee también ensayo (te recomiendo Evasión, de César Aira, que trata estos temas mil veces mejor que yo). Y, sobre todo, no te quedes en Twitter e Instagram. Tenerlos está bien, pero una editorial va a querer ver que también sabes moverte en el mundo de la literatura, así que trabaja en crear un currículum literario. Preséntate a muchos concursos. Quizá ganes uno por cada veinte, por eso preséntate a cien. Colabora en todos los sitios que puedas. Presta atención a los concursos que cuenten con páginas webs, con blogs, con notas de prensa, y sobre todo los que, aunque no ganes, si quedas entre los cincuenta primeros te publiquen en una antología. Publica también en revistas literarias. Hay algunas que publican virtualmente y que aceptan manuscritos y te publicarán si cuentas con calidad. Todas éstas son formas de que, al enviar un manuscrito, cuando la editorial ponga tu nombre en google (y ten por seguro que lo hará), le salgan un montón de resultados relacionados con la literatura, que le hará ver que te has movido y sobre todo que has conseguido cosas, que otros ya han valorado positivamente tu trabajo, que algo debe tener el agua cuando se la bendice. 
Pero no esperes sanar haciéndolo. Escribir es algo tremendamente solitario, que requiere mucho tiempo y mucha paciencia (y la tristeza y la desesperación no van de la mano de la paciencia) y que nadie te va a agradecer. Ni siquiera tú mismo lo harás. Así que piensa bien si lo que quieres contar vale la pena, si vale todo ello. Y si lo hace, adelante, escritor o escritora.



Manuel Murillo de las Heras.

domingo, 21 de mayo de 2017

Ready Player One... está sobrevalorado.

Sé que esta entrada será pasto de haters y que la enorme horda de fans de este libro del que me dispongo a hablar me va a lapidar a comentarios de... Ah, no, espera, si este blog no lo lee nadie. Vale, pues entonces no pasa nada. 
Vamos a ver, de entrada quiero dejar claro que el libro me gustó. Es decir, no vengo aquí a decir que el libro sea malo. Es un libro de lectura rápida, muy sencillo y, a mi parecer, entretenido. Disfruté leyéndolo y en tres o cuatro días estaba terminado. Pero todo esto es subjetivo. Lo que no me gusta es que todo el mundo lo señale como una obra maestra. No he leído ni un solo comentario negativo acerca de este libro ni en la web ni en el boca a boca, lo cual no tiene importancia, pero es que no sólo dicen que les ha gustado como acabo de hacer yo, sino que lo tildan como uno de los mejores libros que se pueden leer. 

Lo leí hace meses y jamás tuve pensado hacer una crítica así que no me molesté en quedarme con los detalles. La haré breve aunque no todo lo concisa que me gustaría. 

La idea de la historia se cita a menudo seguida de adjetivos tales que enorme originalidad o excelso ejercicio de imaginación. ¿Y eso? Llevamos viendo historias parecidas desde Mátrix en películas, series y libros. Por nombrar un ejemplo literario nombraré "La sombra del Minotauro", de Alan Gibbons, publicado el 3 de febrero del 2000. 
Esto respecto a la originalidad. Respecto al soberbio ejercicio de imaginación... Bajo mi punto de vista, recoger un montón de elementos existentes y juntarlos en un mismo libro para apelar a la nostalgia no me parece un ejercicio de imaginación. El señor de los anillos  es un ejercicio de imaginación. En Ready Player One, lo único inventado son los personajes y la sucesión de eventos de la trama. A ratos, más que una novela, me parecía estar leyendo una enciclopedia de referencias a los años ochenta ordenadas en una secuencia narrativa. Sensación tremendamente reforzada por la ausencia de inflexiones en el desarrollo formal del texto:
La forma de escribir puede gustarte o no. Pero lo que hay que reconocer es que la arquitectura narrativa es totalmente plana. El autor se limita a contar los hechos, sin más, sin alternar el énfasis narrativo ni detenerse según la importancia de los mismos. Si no te engancha la historia, no tienes nada más a lo que agarrarte. A mí me gustó la historia, pero en algunos capítulos tenía la sensación de que estaba leyendo una redacción de instituto escrita sin ganas y con prisas, donde el autor sólo pensaba en dejar sobre el papel todos los eventos que tenía que dejar plasmados en ese capítulo y ya está. ¿Os parece que (ATENCIÓN, SPOILER) el momento en el que la IOI descubre la verdadera identidad de Wade, y vuela por los aires no sólo su casa sino su barrio entero, asesinando a su familia y a todos sus conocidos y dejándolo sin nada de lo que fue su vida durante diecisiete años, que es el momento determinante de todo lo que ocurre después en la novela, tiene la importancia narrativa que debería? No hay énfasis, narra lo que ocurre y ya está. Y el protagonista dice que tiene miedo (nos lo dice, no nos lo muestra) y que le da pena por su vecina y ya está, coge y se va. Sin inflexiones. Sin emoción. Sin nada que me haga decir "vaya, esto es importante". Si el protagonista hubiera sido el Mersault de Camus habría tenido sentido pero no, era Wade, un chaval de 17 años que, más adelante, demuestra que sí posee sensibilidad entre otras inconsistencias internas de los personajes. ¿Cuándo demuestra que tiene sensibilidad? Pues con Art3mis. De eso sí se tira páginas y páginas hablando, pero aún así me siguen chirriando cosas. Creo que el autor confundió cantidad con calidad. Las descripciones de sus sentimientos me parecen de lo más artificiales, precipitadas y forzadas. Como metidas con calzador sin nada que lo justifique. Y el desarrollo de las mismas, plano otra vez. Al contrario de lo que suele ocurrir en los arcos narrativos románticos donde nada funciona hasta el final de la novela, y esto es un punto a favor de Ready Player One, Wade empieza a salir con Art3mis a la mitad de la novela, y pasan tiempo juntos, y luego rompen, y se tiran tiempo sin hablar, y al final vuelven a juntarse. Pero todo este proceso tan dinámico se desinfla debido a que está narrado de forma (de nuevo) plana, sin énfasis, precipitadamente. Y eso que el libro está narrado en primera persona. El protagonista nos cuenta que está muy enamorado, o que está muy triste... pero no nos muestra cómo ni cambia el énfasis narrativo para darle validez a sus palabras. 

Y éste es el patrón general del libro. Se le da la misma importancia a la muerte de su familia y a todos sus conocidos que a su relación con Art3mis que al hecho de hacer flexiones en su casa que a la resolución misma de la historia. Todo está contado de la misma forma y siempre de manera precipitada. Cuando se interna en la propia IOI, lejos de añadir tensión, sigue contándolo todo con una mera descripción casi pasiva de los acontecimientos y todo se resuelve rápidamente en un único capítulo. En definitiva, es una historia entretenida contada sin ganas, como si la sucesión de acontecimientos se hubiesen escrito a modo de esquema y, una vez hecho esto, con ganas de terminar el libro cuanto antes, el autor se hubiera limitado a poner unas cuantas conjunciones por aquí y unas cuantas descripciones por allá. No me gustan las sagas pero creo que este libro podría haber funcionado mucho mejor en dos partes, para que el autor se hubiese recreado más en según qué eventos para darles así la importancia que merecían y que los diferenciaran del resto de sucesos. 
Voy a ir dejando ya de hablar. Los personajes tampoco me parecen especialmente destacables ni memorables ni entrañables, y sus acciones no suelen ir justificadas por la construcción de sus personalidades sino porque eran cosas necesarias para que la historia avanzase de tal o cual manera. Lo que ya he dicho, se cuenta mucho pero se muestra poco.
También hay muy poco uso del arma de Chéjov, salvo la vida extra jugando al comecocos. El resto de cosas se resuelven con el siguiente patrón: Se resuelve una cosa - de pronto describe algo nuevo acerca de Oasis o su creador - se resuelve otra cosa relacionado con eso - describe otra cosa totalmente nueva sobre Oasis o su creador - se resuelve algo relacionado con eso... 
Lo bonito es que cosas que se hayan descrito o dicho anteriormente, de pronto encajen y se produzca un Insight en la mente del lector, como en los buenos libros de misterio. Pero no, en éste todo el rato tenía la sensación de tener que estar esperando a que el autor decidiera introducir un elemento totalmente nuevo y aleatorio para que la trama avanzase. 

Creo que la crítica parece mucho más negativa de lo que pretendía en un primer momento. El libro está bien para pasar el rato, es muy sencillo y entretenido. Pero no es ninguna obra maestra. Era esto lo que quería dejar plasmado aquí. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Psicología: personas tóxicas (crítica)

"Los libros de autoayuda no funcionan porque el autoengaño funciona perfectamente" - José Manuel García Montes.


Voy a ser claro desde un primer momento: no he leído el libro. Ni "Gente tóxica" ni su secuela de original título "Más gente tóxica". No es por nada, es que prefiero gastarme el dinero en otros libros. Ni en el de Bernardo Stamateas ni en el de Lillian Glass. No sé quién de los dos lo inventó pero bueno, poco importa. Así que voy a hablar sin demasiado conocimiento del libro como tal, pero sí he leído sin embargo todo el eco que se le ha hecho en una cantidad inconmensurable de blogs. Bueno, supongo que no necesito presentar la teoría de la gente tóxica. Durante un tiempo (y aún hoy) ha sido uno de los mayores best sellers de autoayuda disponibles en el mercado y su teoría, al ser tan sumamente fácil y simple, ha estado en boca de todos en un momento u otro.
Y es que lo que se pone de moda tiende a ser lo sencillo de entender, lo reduccionista. Esto no quiere decir que sea necesariamente mejor o peor. Sólo lo dejo en el aire. Esta teoría nos dice que hay una serie de personas que son tóxicas (están bien clasificadas taxonómicamente según sea la conducta negativa que resulta tóxica para nosotros) y si queremos que nuestra vida vaya mejor, lo que debemos hacer es identificarlas y alejarnos de ellas

Bien, para empezar, lanzo una pregunta:
¿No resulta vanidoso comprar este libro? Quiero decir, conociendo la premisa anterior, al comprar el libro significa que estás dando por hecho que las personas "tóxicas" son las demás, no tú. La persona que compra este libro porque necesita "ayuda", la necesitará porque nota en sí algún tipo de malestar. Conociendo esta teoría, me pregunto ¿No se habrá parado antes a analizar si la persona desagradable es él o ella, y su patrón de conducta molesta a los demás y hace que o bien se alejen, o bien sean algo cabrones con él? O quizá sea una persona falta de habilidades asertivas y otra persona que no es "tóxica" con los demás, por una cuestión de intereses se vuelve "tóxica" con él porque simplemente ve que no hará nada para remediarlo y puede aprovecharse. O sencillamente eres igual que la otra persona, pero tenéis intereses opuestos. Bueno, a esto iré más adelante. Sólo quería dejar esa pregunta también en el aire, no soy yo quien debe contestarla. 

Bien, si algo hace bien esta teoría es etiquetar. Es como un DSM, pero mucho más genérico. Y nos encanta etiquetar. Por tanto, si algo no hace esta teoría es beneficiar a las personas tóxicas. Eso es bueno ¿No? Son tóxicas, que se jodan. ¡Que no sean tan tóxicas! Pero claro, el problema que tenemos las personas buenas y maravillosas que no somos tóxicas es que generalizamos mucho, sin darnos cuenta y de manera natural. Por tanto, al final lo que hacemos es etiquetar como tóxica a una persona por el simple hecho de que es distinta a nosotros o sencillamente porque nos cae mal. La teoría nos enseña a categorizar, y es tan satisfactorio señalar a alguien con el dedo y decirnos "esa persona es tóxica y yo no" que cualquier pequeña seña nos basta de excusa para hacerlo. Y es que esta teoría pretende reducir la compleja globalidad holística de un ser humano a una conducta concreta. El envidioso, el criticón, el autoritario, el manipulador, el pesimista, el neurótico... porque hacen tal o cual cosa, y ya está, que le den al contexto y a todos sus demás rasgos.   

¿Acaso no tenemos cada uno rasgos como ésos en según qué situaciones? Pues cuidado, que no se te escape ninguno en ningún momento, porque alguien podría identificarte y poner la voz de alarma: ahora eres una persona tóxica. Y entonces pueden pasar muchas cosas. Las menos evidentes al ojo inexperto: la profecía autocumplida y la confirmación del estereotipo. No voy a entrar en esos conceptos, pero una cosa que podemos notar en las personas en las que hemos calificado como tóxicas es que si, en lugar de ser asertivos con ellas nos limitamos a alejarnos, esa persona no aprenderá nada y su patrón de conducta negativa se acentuará por mucho motivos distintos según la persona y su historia personal. Si actuaba de esa manera porque no le gustan los demás, al ver que han conseguido el efecto deseado esto les reforzará y su conducta se acentuará. Si lo hacen precisamente por una falta de habilidades sociales, problemas de dependencia o apego, etc, el alejarnos simplemente no le enseñará nada nuevo y con la próxima persona que conozca utilizará su repertorio de conducta de manera más potente aún, porque cree que le funciona, para retener a los demás. Y ni que decir tiene que nuestra habilidad para generalizar y etiquetar a alguien a la primera de cambio puede hacer que una persona que sólo tenga un pequeño problema de interacción social acabe señalado por todos y desarrollando así unos problemas mucho más acentuados. En fin, son sólo un par de ejemplos y hasta ahora todo ha sido para explicar en qué beneficia esta teoría a las personas calificadas como "tóxicas". Ya os digo que en nada, por si en algún momento os habéis perdido. 

Vamos ahora con la otra parte: ¿En qué beneficia a las personas que compran el libro y aprenden la teoría? La respuesta parece obvia: Aprenden a identificar a las personas tóxicas y a alejarse de ellas. ¿Beneficia esto? Sí, claro, pero sólo momentáneamente y a corto plazo
¿Realmente pensáis que es lo correcto enseñar a huir de un problema en lugar de enseñar a manejarlo? ¿No sería más provechoso, en lugar de enseñar a identificar una persona problemática para huir de ella, entrenar estrategias de afrontamiento y técnicas de regulación emocional?
Llamadme loco, pero me parece que esto no es lo que profesa esta teoría. Y no digamos ya de que no mencionan nada acerca de la importancia contextual. En realidad lo mencionan, pero de qué manera. He leído blogs que dicen cosas como "7 personas tóxicas que debes evitar en el trabajo". Ojo ¿eh? Porque en el trabajo puedes hacer todo lo que quieras. Y, por supuesto, evitar por completo a cualquier persona que en tu empleo tenga cualquier rasgo anteriormente mencionado no te va a obstaculizar para nada en el trabajo. 
Nótese la fina ironía. 

Evitar sistemáticamente una situación que valoramos como problemática por mecanismos de atribución nos llevará a problemas a largo plazo. Esto se llama, para quien le interese, evitación experiencial destructiva. Y es precisamente lo que enseña esta teoría, al menos, en sus blogs. Olvídate del contexto, olvídate de centrarte en lo que quieres conseguir a largo plazo. Identifica los problemas y HUYE de ellos. 
¿Para qué entrenar la asertividad y las habilidades de interacción social, o técnicas de autocontrol?
Esta teoría nos enseña a ser débiles, a no afrontar debidamente los problemas. Nos enseña que la solución es huir, y que funciona. Y efectivamente así es, porque en el momento en el que dejamos de tener a esa persona que nos molesta cerca nos sentimos mejor. Pero esto es sólo momentáneamente. ¿Por qué estabas antes con esa persona? ¿Qué había a su alrededor, qué era importante para ti? ¿No lo has perdido, no te has alejado también de eso? 

Como esto nos funciona, es fácil aplicar el mismo mecanismo con el resto de problemas. Así, aprendemos a alejarnos de las situaciones aversivas en lugar de afrontarlas, porque el libro nos ha mostrado que funciona. ¿Que la gente con la que me junto tiene defectos que me molestan? pues la próxima vez me voy a quedar en casa cuando me digan de salir. Anda, ha funcionado, he estado a gusto. La próxima vez probablemente repita. Pasará un mes,  dos meses... llamarás a tus amigos y serán ellos quienes no te vuelan a coger el teléfono. 
Otra situación: Tu jefe es una persona tóxica. Fácil, no vayas al trabajo. O intenta evitarlo cuando te llame. No te digo lo que pasará en un mes o dos. 
Otra: El médico me ha dicho que tengo el colesterol alto y que tengo que hacer ejercicio. Empiezo a correr, pero no lo hago adecuadamente y me siento mal. En lugar de probar a exigirme menos o algo, opto por quedarme en casa sentado y así evitaré ese malestar. Ya funcionará el danacol. 
Otra: Quiero sacarme un título, pero me da grima ponerme delante de los apuntes. Y no digamos ya de ir a clase. Ayer me quedé en casa jugando a la play y me lo pasé de puta madre. El día siguiente amanece y por un lado sopesas lo poco que te apetece ir a clase y, por otro, lo bien que te sentiste ayer faltando y jugando a la consola en su lugar...

Y así con cualquier cosa que se te ocurra: Evitar una experiencia negativa para sentirte bien ahora, a costa de perder cosas en el futuro. Falta de estrategias de afrontamiento y de autocontrol. De no identificar adecuadamente nuestro contexto y qué es relevante en él, no clarificar nuestros valores y no valorar las consecuencias a corto y a largo plazo de nuestras acciones. 

En definitiva, que este rollo de la gente tóxica supone un riesgo tanto para quien se aleja como para la persona de la que se aleja. Aprendemos a evitarlas y, como nos funciona, lo haremos con el resto de cosas aversivas. ¿Crees que no?
Bueno, si crees que no, no importa: el autor de "Gente tóxica" ya se ha ocupado de sacar otro libro titulado "Emociones tóxicas", para que aprendas a huir incluso de tus emociones, pasándose por... sus best sellers que las emociones no son malas en sí mismas, sino que lo que supone un problema es lo que hacemos con ellas... y precisamente cuando tendemos a tener un patrón regulación problemático es cuando identificamos a las emociones como malas per sé.